Retiro conociendo al Espiritu Santo Viento y Fuego

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Jesús está Vivo. Testimonio de Padre Tardif

Jesús está Vivo. Testimonio de Padre Tardif
En 1973, yo era provincial de mi Congregación, Misioneros del Sagrado Corazón, en República Dominicana. Había trabajado demasiado, abusando de mi salud en los 16 años que tenía como misionero en el país. Pasé mucho tiempo en actividades materiales, construyendo iglesias, edificando seminarios, centros de promoción humana, de catequesis, etc. Siempre estaba buscando dinero para edificar casas y para dar alimento a nuestros seminaristas. El Señor me permitió vivir todo ese activismo y, por el exceso de trabajo, caí enfermo. El 14 de junio de ese año en una asamblea del Movimiento Familiar Cristiano me sentí mal, muy mal. Tuvieron que llevarme inmediatamente al Centro Médico Nacional. Estaba tan grave que pensaba que no podría pasar la noche. Creí realmente que me iba a morir pronto. Muchas veces había meditado sobre la muerte y predicado sobre ella, pero nunca había hecho el ensayo de morirme, y esto no me gustó. Los médicos me hicieron análisis muy detenidos, detectándome tuberculosis pulmonar aguda.

Al ver que estaba tan enfermo pensé volver a mi país, Quebec, Canadá, donde nací y vive mi familia. Pero estaba tan delicado que no podía hacerlo entonces. Tuve que esperar quince días bajo tratamientos con recostituyentes, para realizar el viaje. En Canadá me internaron en un centro médico especializado donde los médicos me volvieron a examinar, pues querían estar bien seguros de cual era mi enfermedad. El mes de julio se lo pasaron haciendo análisis, biopsia, radiografías, etc. Después de todos estos estudios, confirmaron de manera científica que la tuberculosis pulmonar aguda había lesionado gravemente los dos pulmones. Para animarme un poco me dijeron que tal vez después de un año de tratamiento y reposo podría volver a mi casa. Un día recibí dos visitas muy peculiares. Primero llegó el sacerdote director de RND -Revista "Notre Dame"- quien me pidió permiso de tomarme una fotografía para el artículo: "Cómo Vivir con su Enfermedad". Aún él se despedía cuando entraron cinco seglares de un grupo de oración de la Renovación Carismática. En República Dominicana me había burlado mucho de la Renovación Carismática, afirmando que América Latina no necesitaba don de lenguas sino promoción humana, y ahora ellos venían a orar desinteresadamente por mí.

Estas visitas tenían dos enfoques totalmente diferentes; el primero para aceptar la enfermedad. El segundo para recobrar la salud. Como sacerdote misionero pensé que no era edificante rechazar la oración. Pero, sinceramente, la acepté más por educación que por convicción. No creía que una simple oración pudiera conseguirme la salud. Ellos me dijeron muy convencidos:-Vamos a hacer lo que dice el Evangelio: "Impondrán las manos sobre los enfermos y éstos quedarán sanos". Así que oraremos y el Señor te va a sanar. Acto seguido se acercaron todos a la mecedora donde yo estaba sentado y me impusieron las manos. Yo nunca había visto algo semejante y no me gustó. Me sentí ridículo debajo de sus manos y me daba pena con la gente que pasaba afuera y se asomaba por la puerta que se había quedado abierta. Entonces interrumpí la oración y les propuse:-Si quieren, vamos a cerrar la puerta...-Sí padre, cómo no... -respondieron-.Cerraron la puerta, pero ya Jesús había entrado.Durante la oración yo sentí un fuerte calor en mis pulmones. Pensé que era otro ataque de tuberculosis y que me iba a morir. Pero era el calor del amor de Jesús que me estaba tocando y sanando mis pulmones enfermos. Durante la oración hubo una profecía. El Señor me decía. "Yo haré de ti un testigo de mi amor". Jesús vivo estaba dando vida, no sólo s mis pulmones sino a mi sacerdocio y a todo mi ser. A los tres o cuatro días me sentía perfectamente bien. Tenía apetito dormía bien y no había dolor alguno. Los médicos estaban preparados para comenzar inmediatamente el tratamiento. Sin embargo , ningún medicamento les respondía de acuerdo a mi supuesta enfermedad. Entonces mandaron traer unas inyecciones especiales para gentes cuyo organismo no es normal, pero tampoco hubo reacción alguna. Yo me sentía bien y quería regresar a casa, pero ellos me obligaron a pasar el mes de agosto en el hospital buscando por todos lados la tuberculosis que se les había escapado y no podían encontrar. Al final del mes, después de muchos experimentos el médico responsable me dijo:-Padre, vuelva a su casa. Usted está perfectamente, pero esto va en contra de todas nuestras teorías médicas. No sabemos lo que ha pasado.Luego encogiendo los hombros, añadió:-Padre, usted es un caso único en este hospital.-En mi congregación también -le respondí riendo-.Salí del hospital sin recetas, medicinas ni cuidados especiales. Me fui a casa pesando sólo 110 libras (50 kilos). El hospital que me iba a curar de tuberculosis me estaba matando de hambre. Quince días después apareció el número 8 de la Revista "Notre Dame". En la página cinco estaba mi fotografía del hospital: sentado en la célebre mecedora, con sondas, cara triste y mirada pensativa. Debajo de la fotografía decía: "El enfermo debe aprender a vivir con su enfermedad, acostumbrarse a las alusiones veladas, a las preguntas indiscretas... y a los amigos que ya no volverán a mirarlo de la misma manera". Pero mi salud echó a perder su número. El Señor me había sanado. Mi fe era muy pequeña, tal vez del tamaño de un grano de mostaza, pero Dios era tan grande que no había dependido de mi pequeñez. Así es nuestro Dios, Si estuviera condicionado a nosotros, no sería Dios. De esa manera yo recibí en carne propia la primera y fundamental enseñanza para el ministerio de curación: El Señor nos sana con la fe que tenemos. No nos pide más, solo eso.El 15 de septiembre asistí a la primera reunión de oración carismática de mi vida. Ni sabía lo que era eso, pero fui, puesto que me había curado y las personas que habían orado por mí me pidieron que diera el testimonio de mi sanación. Comencé a trabajar un poco ese mes de septiembre y le escribí a mi superior para que el año que yo debía estar hospitalizado me permitiera pasarlo estudiando la Renovación Carismática en Canadá y Estados Unidos. Me dio permiso y fui a los centros más importantes de Quebec, Pittsburg, Notre Dame y Arizona. Recuerdo que estaba en los Ángeles celebrando misa con mi sobrina y un amigo. Después de leer el Evangelio en francés quise comentarlo, pero pasó algo muy curioso: sentí como que la mejilla se me adormecía y comencé a hablar algo que no entendía. No era ni francés, ni inglés, ni español. Cuando terminé de hablar, exclamé sorprendido:-No me digan que voy a recibir el don de lenguas...-Eso es lo que tú ya recibiste, tío -respondió mi sobrina-. Tú estabas hablando en lenguas.Tanto que yo me había burlado del don de lenguas y el Señor me lo regaló en el momento en que iba a predicar. Así descubrí ese don tan hermoso del Señor.

Tomado de: "Jesús está vivo". Emiliano Tardif y José H. Prado Flores, Publicaciones Kerygma

Pasar la antorcha encendida. por: Padre Salvador Carrillo Alday

Pasar la antorcha encendida.
por: Padre Salvador Carrillo Alday

Introducción


En el mes de agosto de 1966, hace 30 años, comenzaba la gestación de la Renovación carismática, que vio la luz del día en febrero del año siguiente 1967. La Renovación estalló como un relámpago en un día claro de primavera. Nadie la esperaba.

Fue una novedad que produjo impactos contrarios: admiración o escándalo, sospecha o apertura, atractivo o rechazo. ¿Qué novedad era aquélla? ¿Cómo era posible que, al orar, la gente aplaudiera, se riera, llorara, cerrara los ojos, levantara las manos, e inclusive danzara? ¡Y la aparición de ciertos carismas extraordinarios hasta entonces, por no decir exóticos: el don de lenguas, el de profecía, el de sanación, el de liberación! ¿Cómo era posible todo eso en la Iglesia Católica? ¿No se tratará más bien de infiltraciones protestantes? Y debemos decir que, en algunas partes, todavía se tienen hasta el presente estas mismas impresiones.

Sin embargo, desde entonces la Renovación carismática católica es, en el mundo y en la Iglesia, como "una antorcha encendida" por el fuego del Espíritu Santo, en el seno mismo de la Iglesia.

Y hasta el día de hoy, podemos decir que la Renovación, a nivel internacional, continúa siendo fuerte y vigorosa y va en aumento, sobre todo en las naciones pobres, llamadas del tercer mundo.

La "antorcha encendida" es, pues, "el don de la Renovación" que Dios ha hecho a la Iglesia en el úlfimo tercio del siglo XX, como un fruto -entre otros muchos- del Concilio Vaticano II. Recordemos que el Concilio tuvo como objetivo renovar la Iglesia y ponerla al día, en la coyuntura de un mundo nuevo, de una nueva cultura emergente, del mundo de la post-modernidad en el cual ya estamos sumergidos: tiempo dramático, a la vez que entusiasmante, que se ha interpretado como final de una era cultural y alumbramiento glorioso de una nueva civilización, que se anhela de justicia, de solidaridad y de amor.

El Espíritu Santo, principio vital de esa renovación.

El alma o principio vital de esa renovación de la Iglesia es el Espíritu Santo. Enseña, en efecto, el mismo Concilio en la Constitución Lumen Gentium n.4:

· "El Espíritu Santo habita en la Iglesia y en el corazón de los fieles como en un templo (cf. 1Co 3,16; 6,19), y en ellos ora y da testimonio de su adopción como hijos (cf. Ga 4,6; Rm 8,15-16 y 26).

Guía la Iglesia a toda la verdad (cf. Jn 16,13), la unifica en comunión y ministerio, la provee y gobierna con diversos dones jerárquicos y carismáticos, y la embellece con sus frutos (cf. Ef 4,11-12; 1Co 12,4; Ca 5,22).

Con la fuerza del Evangelio rejuvenece a la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo.

En efecto, el Espíritu y la Esposa dicen al Señor Jesús: ¡Ven! (cf. Ap 22,17)".

El movimiento o corriente de gracia que llamamos "Renovación", suscitada por el mismo Espíritu Santo, es uno de esos dones carismáticos que embellecen a la Iglesia y la rejuvenecen y la renuevan.

Ahora bien, para pasar una "antorcha encendida" es necesario: primero haberla recibido y haberla conservado.

No podemos pasar adelante algo que no tenemos, que no hemos guardado y conservado, o que eventualmente hemos perdido.

I. Y ¿CUÁL ES ESA ANTORCHA?

Es la Renovación carismática en la Iglesia Católica, y en América Latina, y hoy.

1.La Renovación carismática en la Iglesia Católica.

a) La Renovación carismática no es ni el pentecostalismo clásico, nacido a principios del siglo XX; ni una renovación a mi modo o a nuestro modo. La verdadera antorcha es la Renovación tal como Dios la hizo nacer en la Iglesia Católica, para renovar la Iglesia y transformar el mundo. A este propósito, S.S. Pablo VI dijo, en aquel memorable Pentecostés de 1965: "Esta Renovación espiritual es una "suerte" para la Iglesia y para el mundo. Y en este caso, ¿cómo no adoptar todos los medios para que continúe siéndolo?"

b) ¿A dónde acudir para encontrar la "identidad" de la Renovación?

1. Además de recordar los porqués y la manera como quiso Dios suscitar la Renovación carismática en 1967, hay que acudir a las fuentes de nuestra doctrina católica, esto es:

a) A lo que los Sumos Pontífices (Pablo VI y Juan Pablo II) han dicho acerca de la RC.
b) A lo que nuestros Obispos a nivel nacional o diocesano nos han enseñado.
c) Al Documento del Pontificio Consejo para los Laicos del 14 de septiembre de 1993.

A la luz de todo lo anterior, debemos también recordar cuándo y cómo nació la Renovación carismática en nuestro país, cómo la recibimos, cómo la hemos vivido, cómo la hemos purificado y cómo la hemos enriquecido; pues dice la Escritura en el libro del Eclesiastés: "El hombre no llega a descubrir de principio a fin la obra que Dios ha hecho" (Ec 3,11).

2. Hay que tener siempre presente que en su núcleo más profundo y en su esencia más auténtica la Renovación Carismática es "un Pentecostés perenne y actual", es "un Pentecostés HOY" para la Iglesia, y para el mundo, para nosotros y para mí.

Ante todo, es indispensable poner de relieve y destacar todos aquellos elementos que integran lo que es la Renovación carismática y constituyen su riqueza. No podemos dejar de lado ninguno de ellos. Citemos los más relevantes:

1. La Renovación carismática es, ante todo, en la Iglesia, un Pentecostés hoy. Y cada Iglesia particular, cada comunidad de discípulos del Señor. Debe tener su Pentecostés o bautismo en el Espíritu Santo, como sucedió en las primeras comunidades de Jerusalén, Samaria, Cesarea y Éfeso (Hch 2,ls; 8,14-17; 1O,44s; 19,6).

2. El bautismo en el Espíritu Santo. Esta efusión del Espíritu, personalmente querida y ardientemente suplicada, es su centro vital, con sus dos efectos fundamentales y característicos, como son: un encuentro nuevo, vivo y palpitante con Cristo muerto y resucitado; y una apertura total a la persona del Espíritu Santo y a su acción soberana.

3. La formación de comunidades carismáticas. La Renovación carismática no se entiende sin el surgimiento de comunidades eclesiales vivas y renovadas, creaciones del Espíritu.

4. La vida carismática en cada comunidad. Comunidades dinámicas, en las que el Espíritu Santo tenga libertad de derramar toda la gama de sus carismas para bien de la Iglesia y del mundo.

5. El gran anhelo y empuje evangelizador. La Renovación es esencialmente evangelizadora, porque es esencialmente pentecostal, y quiere llevar el testimonio de Jesús hasta el último rincón de la tierra; debe ser como un fuego que lo abrasa todo, no para consumirlo sino para transformarlo, inyectándole vida nueva.
6. Los carismas propios de una asamblea de oración. La Renovación debe trabajar incansablemente por mantener la naturaleza propia de las asambleas de oración, con su profunda experiencia de Dios y el rico ejercicio de los carismas en la paz, el júbilo y el gozo del Espíritu.

7. Los carismas de servicio o ministerios. La Renovación desea colaborar intensamente en la construcción de una verdadera Iglesia de comunión, participación y solidaridad.

8. La Palabra de Dios en la Renovación carismática. La Palabra de Dios en la Sagrada Escritura es el faro de luz resplandeciente que ilumina la mente y enardece el corazón de la comunidad cristiana.

9. Una intensa vida de oración comunitaria y personal. No habrá auténtica Renovación si no existe una sólida, constante y creciente vida de oración. Jesús de Nazaret debe ser nuestro ejemplo en el contacto diario, íntimo y personal con Dios.

10. La Renovación en el corazón de la Iglesia. A este propósito es necesario ante todo subrayar el lugar que en la Renovación ocupan la S.V. Maria, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia, y enseguida la vida sacramentaria y litúrgica, cuya cumbre es la celebración de la Eucaristía, siempre bajo la conducción del Papa y de los Obispos, sucesores de los Apóstoles.

11. La Renovación carismática al servicio de la pastoral diocesana o parroquial. Somos, en efecto, miembros de la Iglesia que es: una, santa, católica y apostólica.

12. La Renovación carismática empeñada en la pastoral social. Los miembros de la Renovación deben interesarse más y más por colaborar, a la medida de su situación personal y comunitaria en la solución de los grandes problemas de un mundo necesitado de amor, de justicia y de paz.

13. La renovación carismática abierta a un sano ecumenismo. El cual no consiste en un irenismo fácil sino en un compromiso serio y decidido, según las directivas de la Santa Sede y de las Iglesias particulares.

Ante el espléndido panorama de lo que es la Renovación carismática, en toda su amplitud y riqueza, es bueno recordar y aplicar la exhortación de san Pablo a Timoteo: "Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros" (2Tm 1,14).

2. América Latina.
Nuestra Renovación carismática debe ser concreta y situada en la realidad. Por tanto, no podemos abstraer, ni nos podemos dispensar de reflexionar acerca de las realidades en que vive México y los países de América Latina. Somos un subcontinente sembrado de grandes problemas espirituales y materiales. Ante todo, las necesidades urgentísimas de la nueva evangelización o de la reevangelización de nuestros pueblos; y luego, los ingentes problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos, que a las veces nos agobian.

La Renovación carismática debe trabajar y desarrollarse según las prioridades y necesidades concretas de mi país, de mi diócesis, de mi parroquia, de mi comunidad. Por esta razón, lo debemos proclamar enfáticamente, los documentos de Medellín, Puebla y Santo Domingo deben ser una luz poderosa que nos muestre claramente el sendero certero por donde debemos caminar. La Renovación debe estar en el centro de las grandes preocupaciones de nuestra Iglesia latinoamericana.

3.Hoy.
Se trata del momento actual: no del pasado, sino del día de "hoy", en vistas al futuro próximo y remoto. El "hoy" es un "kairós" de Dios, es decir, un tiempo particular en la historia de nuestra salvación, es una hora providencial. Hay que aprovecharlo. San Pablo escribía a los corintios: "Mirad, ahora es el momento favorable; mirad, ahora es el día de salvación" (2Co 6,2).

Por esa razón, la Renovación carismática ha recibido con los brazos abiertos y desea comprometerse en las iniciativas que el Santo Padre presenta en su Carta "Tertio millennio adveniente". Es un programa bien definido por el que la Renovación carismática debe caminar en los próximos cuatro años (1997-2000). Se ha dicho que la Renovación está en el corazón de la Iglesia; pues bien, debe en consecuencia secundar los deseos e iniciativas de la misma Iglesia, gobernada por el Santo Padre, Vicario de Cristo.

Y así, nos complace recordar que el próximo año 1997 estará dedicado a dar a conocer más y más a Jesucristo, y a reflexionar sobre la virtud de la fe y sobre el bautismo. El año 1998 estará consagrado a conocer al Espíritu Santo, y a profundizar sobre la esperanza y la confirmación. El año 1999 se reflexionará sobre Dios-Padre, la virtud del amor y el sacramento de la reconciliación. El Papa espera que las naciones ricas dispensen la deuda externa que sofoca y paraliza a los países pobres. Y finalmente el año 2000, año del gran Jubileo, será señalado por un himno de glorificación a la Trinidad de Dios, por un extraordinario culto a Jesús en la Eucaristía, y por una oración vibrante en favor de la unidad de todos los cristianos.

Además, la Renovación se quiere solidarizar fuertemente con el trabajo que realizará en 1998, la "Asamblea Especial del Sínodo de Obispos para América", cuyo tema fijado por el Santo Padre es: "Un encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América" (1996).

II. LA ANTORCHA "ENCENDIDA".

A los 25 años del nacimiento de la Renovación debemos pasar la antorcha bien "encendida". No se trata de una antorcha que ya se está apagando, ni de una antorcha que sólo parezca tizón humeante, menos aún de una antorcha ya apagada. Hay que pasar la 'antorcha encendida y ardiente con la luz del Padre, con el resplandor de Cristo, con el fuego del Espíritu Santo'.
La Escritura dice acerca del Padre: "Dios es Luz y en él no hay tinieblas" (1 Jn 1,5); "Todo don perfecto viene de lo Alto, desciende del Padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra de rotación" (St 1,17).

Y de Cristo Jesús afirma la Biblia: "El es el resplandor de la gloria de Dios e impronta de su sustancia" (Hb 1,3). Y el mismo Jesús exclamó: "Yo soy la luz del mundo, el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8,12).

En cuanto al Espíritu Santo, la Escritura lo pone de manifiesto en el fuego de Pentecostés, que desciende y se posa sobre cada uno de los discípulos a la manera de lenguas como de fuego, y los llena y los hace hablar a su impulso divino y soberano (Hch 2,1-4). De él, Jesús había dicho: "He venido a arrojar fuego sobre la tierra y cuánto desearía que ya estuviera encendido!" (Lc 12,49). La Liturgia, por su parte, implora al Espíritu Santo, cantando con júbilo:
Ven, Espíritu Santo!
Llena los corazones de tus fieles
y en enciende en ellos el fuego de tu amor".
"¡Envíanos del cielo un rayo de tu luz!" "¡Ven, Luz de los corazones!"
"O Lux beatíssima":
¡llena lo más íntimo de nuestros corazones!"
Por nuestra parte, Jesús decía a sus discípulos: "Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cumbre de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5,14-16).
"¡Pasar la antorcha encendida!" Esta es la entusiasmante misión que nos corresponde a los que hemos sido llamados a trabajar en esta Renovación de la Iglesia en el Espíritu Santo.
III. REINFLAMAR EL CARISMA DE DIOS.

Ante esta perspectiva, ¿qué debemos hacer? Viene espontáneamente a nuestra memoria la exhortación del Apóstol a su discípulo Timoteo: "Te recomiendo que reinflames el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de amor y de templanza" (2Tm 1,6-7). Permítanme hacer algunas reflexiones sobre este texto capital en la Renovación carismática.

Timoteo es un hombre de fe. Su trayectoria cristiana es límpida. El Apóstol puede poner en él su confianza y le puede hablar con libertad. En 1Tm 4,14 lo exhortaba a "no descuidar el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética, mediante la imposición de las manos del presbiterio". Ahora, el Apóstol alude a esa misma escena. El mismo estuvo presente y le impuso las manos. A través de ese gesto, Timoteo recibió "el carisma de Dios".

Ese carisma no fue una gracia transitoria, sino un don permanente. Siendo así, Pablo le puede escribir: "Te recuerdo que REINFLAMES el carisma de Dios que está en ti". El verbo griego es muy expresivo: significa "re-animar el fuego, dar nueva vida al fuego para que suba y continúe ardiendo, atizar la hoguera". Aplicado a su carisma, Timoteo debe re-novar, re-avivar, hacer que de nuevo sea llama, el don que le ha sido comunicado por el Espíritu Santo, autor de los carismas, simbolizado por el fuego (Hch 2,3; 1Ts 5,19). Su carisma no debe quedar sofocado por las cenizas.
El don de Dios no sólo no cancela sino que exige y urge la cooperación del hombre. Los carismas no destruyen al ser humano, ni lo mueven como a instrumento inanimado, sino que obran en él y a través de él, conservando éste todo el ejercicio de su libertad, pero poniendo todo el esfuerzo de su cooperación personal.

Un don de Dios no aniquila, antes bien perfecciona la naturaleza humana. El cristiano tiene que avivar, reavivar, reinflamar constantemente los dones que gratuitamente Dios ha puesto en él. Insistamos: el carisma no basta; se requiere necesariamente la cooperación humana personal. Un carisma que no se usa, que no se ejercita, corre el peligro de perderse, desaparecer y morir. Es como aquel talento de la parábola de Jesús, que, al no haber producido frutos, fue recogido por el amo (cf. Mt 25,14-30; Lc 19,11-27).

En seguida san Pablo descubre algunas de las riquezas que encierra el carisma de Dios recibido por Timoteo para servir a la Iglesia. Será una invitación para que nosotros hagamos lo mismo. Los carismas y los ministerios son manifestaciones del Espíritu (1Co 12,4-11). Pues bien, el Espíritu Santo, al otorgar su carisma, no puede comunicar "un espíritu de temor", de timidez, de pusilanimidad o de impotencia en el ministerio. Al contrario, el Espíritu da:

-"Un espíritu de fuerza, de fortaleza": pneuma dynameos. La fuerza es una característica primordial de la donación del Espíritu de Jesús (Lc 24,49; Hch 1,8). El Espíritu, siendo la Fuerza de lo Alto, comunica naturalmente fuerza y poder. Jesús fue un profeta ungido con el Espíritu Santo y con poder (Hch 10,38). Los Apóstoles proclamaron el Evangelio no sólo con la palabra, sino con audacia, seguridad, atrevimiento, confianza, osadía ("parresía") y con manifestaciones de poder (lTs 1,5; 2Co 12,12; Ca 3,5). Timoteo, heredero de ese "espíritu de fuerza", debe ejercer su ministerio con toda seguridad, como sus antepasados (Hch 4,3.31; 9,27-28; 13,46; 14,3; 18,26; 26,26; 28,31).

-"Un espíritu de amor" pneuma agápes. Cuando el Espíritu Santo es dado a todo cristiano derrama en su corazón el amor de Dios (Rm 5,5). ¡Cuánto más lo hará a todo miembro de la Renovación que, cada quien a su manera, debe representar a Cristo en su comunidad! El Espíritu le comunicará el carisma por excelencia, "el amor-caridad" (1Co 13), que le permitirá echar fuera todo temor (1Jn 4,18), y lo hará capaz hasta de dar hasta la vida, si fuere necesario (Jn 10,11; 15,13).

-"Un espíritu de dominio propio" [...]. El equilibrio, la moderación, la templanza, el dominio de sí mismo, tan necesario para una persona que sirve a los demás, es un tema característico de las epístolas Pastorales (1Tm 3,2; Tt 1,8; 2,2.12). Esta virtud, tan elogiada ya por los filósofos griegos, no puede ser sólo una adquisición de meros esfuerzos humanos, sino una gracia de Dios, un don más del Espíritu Santo..

Conclusión

La "antorcha" es la Renovación carismática en nuestras manos. La "antorcha encendida", es la Renovación ardiendo con el entusiasmo y el fuego del Espíritu Santo.
¡Animo, pues! Mantengamos en toda su identidad y su riqueza la Renovación carismática que recibimos un día como un gran regalo de Dios en nuestra vida; reavivemos en nosotros la llama de ese don divino; y pasemos a las generaciones nuevas la antorcha de la Renovación fulgurando con la luz del Padre, con el resplandor de Cristo y con el fuego del Espíritu Santo.

El Don de Lenguas

El don de lenguas "es un don de oración que nos capacita para orar a un nivel más profundo" (K. Macdonnell).

El P. Sullivan, jesuita de la Universidad Gregoriana de Roma, después de un minucioso estudio de este don, concluye: " La oración en lenguas de la comunidad de Corinto, igual que la de hoy, es un hablar y cantar de modo ininteligible, que no se produce por un éxtasis religioso. Aquellos que la practican la consideran bienhechora en cuanto forma de orar. Estamos, pues, fundamentados cuando afirmamos que este fenómeno religioso. del que constatamos hoy día una reminiscencia, es el mismo del que nos habla Pablo en 1ª Cor. 12, 14. En virtud de ésta conclusión, nos hallamos ahora mejor capacitados para comprender por qué Pablo da gracias a Dios por este don y por qué expresa su deseo de que todos pudieran recibirlo. Hoy , en efecto, millares de cristianos pueden dar testimonio de los frutos que esta extraña manera de orar y cantar produce en sus vidas. Para un gran número de personas ha sido la llave que ha abierto la puerta de una nueva experiencia de Dios".

"El que habla en lenguas no habla a los hombres sino a Dios" (1ª Cor. 1 4,2). Cantar en lenguas es un vehículo para hablar a Dios, un medio para que el Espíritu ore en nosotros. El canto en lenguas expresa sentimientos y pensamientos, pero en un sentido global como las lágrimas o la risa. El Espíritu Santo se une a nuestro espíritu, no lo sustituye. Se sirve de todos los recursos de nuestra naturaleza. No es que, de repente, seamos dotados de una capacidad milagrosa. El don consiste en dejarse interior y exteriormente con sencillez, para que pueda brotar este lenguaje de niño. El canto en lenguas se convierte así en el lenguaje de la alabanza, de una alabanza integral, de todo el ser, en la presencia de Dios.

El dominico Vicente Rubio lo describe formidablemente al darnos su testimonio:
" Hace ya mucho tiempo, cierta tarde participaba yo, más como observador y crítico que como orante, en una asamblea de oración, impropiamente llamada "carismática". Había más de trescientas personas. De pronto me di cuenta de una cosa. Nadie de los que cerca de mí estaban orando se expresaban en nuestro idioma castellano. Ni siquiera oraban en voz alta, según costumbre, alabando intensamente a Dios ... ¡ CANTABAN ! ¡CANTABAN SIN SER CANTORES!. Y cantaban con una melodía que en nada se parecía los cánticos antiguos o modernos. Lo más raro es que cantaban con palabras desconocidas. Fue una música sublime, pura, espiritual. Sólo Dios se dejaba sentir en ella.

Todo semejó a un orfeón gigantesco que, sin perder su elevación divina, comenzó suave, siguió creciendo, hasta alcanzar un clímax rotundo; al llegar a ese punto, era como una nota o un acorde inmenso, poderoso y fuerte. Cielos y tierra, la Iglesia y la creación entera cantaban al Dios infinitamente santo. O como si Dios se cantara a sí mismo, humildemente, en su inmensa gloria y nos dejara escuchar un rato aquí en este mundo la hermosura de su canción eterna. Luego las voces fueron disminuyendo poco a poco hasta que, como sí un invisible director de coro hubiese dado la señal de terminar, la asamblea íntegra cesó de golpe en aquel maravilloso canto.

Me quedé perplejo. Porque los numerosos integrantes de la reunión no eran cantantes profesionales ni aficionados. Tampoco se trataba de ninguna canción conocida. Mucho menos de una entonación más o menos identificable. Era una melodía nueva, espontánea. La armonía misma, juzgada desde el punto de vista musical, resultaba rica, por no decir riquísima. Recordaba de lejos las composiciones sagradas alemanas, más armónicas que melódicas, llenas, intensas. Nada pregunté sobre aquello. Dirigí discretamente mi vista a la asamblea entera. Vi como toda ella se hallaba sumida en un recogimiento profundo. ¡Imposible poner a tanta gente de acuerdo para canturrear tan bien!. Además..., en su mayoría, aquellas personas ignoraban la música. Tampoco había cancioneros ni partituras. Nada de estudio previo... ni ensayos. Únicamente allí se percibía a Dios en su imponente grandeza y en esa tremenda cercanía que El tiene para con nosotros, rebosante de amor.

Cuando regresé a casa, abrí la Biblia para ilustrarme sobre lo que acababa de percibir. Leí el texto del evangelio de San Mateo 26,30, único sitio donde expresamente se dice que Jesús cantó: "Después de cantar el himno, se fueron (Jesús y los apóstoles) al monte de los olivos". ¿Sería el canto que yo había escuchado aquella tarde una participación del canto que Jesús entonó en la tierra y sigue entonando en el cielo para alabanza y gloria del Padre por el poder de Espíritu Santo?. Podía ser, pero aquel pasaje bíblico de San Mateo no me ilustró demasiado acerca de lo que tanto me inquietaba. Leí Hechos de los Apóstoles 16,25. Allí se relataba que estando Pablo y Silas presos en la cárcel "a medía noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios ". Quizás lo que Pablo y Silas cantaban a Dios se pudiera parecer a lo que yo había oído en la asamblea aquella tarde, pero el texto sagrado tampoco me aclaraba mayormente lo que anhelaba saber.¿ Qué hacer? Tratar de esperar con paciencia, a ver si se presentaba una nueva oportunidad.

Pronto se presentó el día esperado. Esta vez hallábanse a mi lado personas conocidas. Su voz y su gusto para cantar no rebasaban los límites de lo común y ordinario. De repente, cuando estábamos en oración intensa, sin nadie dar un aviso o una orden, comenzó el canto con palabras desconocidas. Todo el mundo participaba en él. A mi entender, resultó mucho más fino que en la otra ocasión . Un juego de melodías y armonías tan extraordinarias se cruzaban por aquí y por allá arrebatando el corazón y envolviéndolo en una atmósfera densa de presencia de Dios, de calma del cielo y serena alegría de la tierra.
Aquello era verdaderamente una sinfonía de voces que sólo podría estar inspirada y conducida por el mismo Espíritu Santo. Al acabar el canto, indagué. La persona que a mi izquierda se hallaba me dijo: "Sí, esto ha sido un canto en lenguas". Di gracias a Dios, porque de nuevo yo había sido testigo del paso del Señor por aquel lugar. Por suerte, un amigo acababa de llegar al sitio de la asamblea en busca mía, porque necesitaba comunicarme una noticia. Cuando salí a la puerta del local, el caballero se adelantó y me preguntó qué coro era aquél, y cómo cantaba tan bien, quién los ensayaba, etc., etc. El se había quedado impresionado igualmente por el orfeón improvisado e inesperado.

Aprovechando el paso por esta ciudad de Santo Domingo de un notable biblista, graduado en la célebre Escuela Bíblica de Jerusalén, hube de consultarle sobre el fenómeno. Entonces me explicó que el canto en lenguas era una modalidad de la glosolalia u oración en lenguas. La única diferencia con orar en lenguas consistía, según él, que en el canto en lenguas el Espíritu Santo no sólo ponía las palabras en boca de los fieles sino también la música.
Cuando alguien sienta que el Espíritu Santo le impulsa a glorificar a Dios Padre por Jesús, el Señor, con un canto en lenguas, si es en una asamblea, hágalo cuando el momento sea oportuno para ello; si está a solas, hágalo siempre con toda la unción que sea posible como si estuviera cara a cara en la Divina Presencia. Porque es un canto de Dios para Dios. A su vez notará que su fe se acrecienta, su caridad se intensifica, su esperanza de poseer a Dios vibra con fuerza, su humildad aumenta. Al mismo tiempo, el gozo, la paz y el poder - sobre todo el poder- para hacer lo que por nosotros mismos nunca seríamos capaces de hacer por nuestro crecimiento propio y por todo lo que signifique ayuda y servicio a nuestros hermanos. Entonces se perdonan las ofensas, se aguantan mejor las burlas, se olvidan las distancias, las durezas se suavizan y prodigamos el bien calladamente y con sencillez.

En mi criterio, el canto en lenguas tiene un inmenso poder. El poder del Divino Espíritu tal como puede ser canalizado a través de una criatura humana. He ahí un canto nuevo para Dios. ¡ El único nuevo !."

(Vicente Rubio O. P. Relatado en la revista Alabanza)
El canto en lenguas no es una sucesión de notas ensayadas o una melodía compuesta. Es una irrupción espontánea que, dejando a la persona libertad para cantar o callarse, impulsa directamente a alabar al Señor. Cada persona canta con su voz, bonita o no, con su propio timbre y su estilo particular. Sin embargo, el conjunto muestra una impresionante acción del Espíritu, que va constituyendo una unidad en la variedad de voces y melodías. El efecto es una música más allá de lo medible o expresable y una paz interior suave y fuerte a la vez. Solamente si se ha experimentado se puede comprender esta realidad.

El canto en lenguas es expresión de amor y de adoración. Nace del profundo deseo de alabar al Padre y manifestarle con especial amor el deseo de El. Es el Espíritu quien nos impulsa a una alabanza más Plena. de manera que hasta el último rincón de nuestro ser se pone en actividad.

Generalmente, el canto en lenguas se hace presente en determinados momentos más propicios, de mayor profundidad de oración. Es frecuente que el canto en lenguas surja al celebrar la Eucaristía, particularmente en la Consagración y después de la Comunión. En ambos casos es expresión de adoración, de encuentro pleno con Jesús. Cuando termina el canto en lenguas sentimos la necesidad de un silencio más o menos largo. En él adoramos al Señor, su Santa presencia viva y vivificadora, y nos abrimos a sus mensajes.

El Ministerio de Música deberá estar atento a la inspiración del Espíritu para llevar a toda la asamblea a este encuentro completo con el Señor. Si comienza de una forma suave la alabanza en lenguas, el ministerio de música puede empezar a sostener el canto con un acorde y -quizá- después con una serie de acordes que inviten a todos a continuar, intensificar y armonizar la alabanza. Ordinariamente, el canto en lenguas no tiene ritmo (es melodía sin compás¿; pero, en ocasiones, surge un canto en lenguas rítmico, como si el Señor nos diese a todos una medida, la misma: la medida de la unidad en el Amor.

Diego Jaramillo, en relación con esto, dice:
"Los instrumentos evocan, ayudan y expresan en un canto en lenguas. Por ello, mientras alguien toca su instrumento, también esta orando,- la música es su oración. Las cuerdas vocales y las cuerdas de su guitarra pueden vibrar al unísono para el Señor. Esto se hunde en la más genuina tradición cristiana."

Cantar en lenguas es un acto de fe; es clamar al Padre poderosamente, desde el Espíritu Santo, para proclamar y establecer -en cada situación- el Señorío de Jesucristo.
La primitiva Iglesia cantaba en lenguas.

San Jerónimo llama a este canto "Jubilación". Lo define como "aquello que ni en palabras, sílabas o letras pueda expresar o comprender la forma como el hombre debería alabar a Díos".

San Juan Crisóstomo dice:
"Se permite cantar salmos sin palabras, siempre que la mente resuene en su interior. Porque no cantamos para los hombres, sino para Dios, que puede escuchar aún a nuestros corazones y penetrar en los secretos de nuestra alma"

Y es, sobre todo, San Agustín quien escribe maravillosamente sobre el tema en sus "Narraciones sobre los salmos". He aquí sus enseñanzas al comentar los salmos 26, 32, 46, 65, 80, 88, 94, 97 y 99.

"Sacrificamos víctima de regocijo, sacrificamos víctima de alegría, víctima de congratulación, víctima de acción de gracias, víctima que no puede expresarse con palabras. Sacrificamos, pero ¿en dónde? En su mismo tabernáculo, en al Santa Iglesia. ¿Qué sacrificamos? El copiosísimo e inenarrable gozo, que no se expresa con palabras. sino con voz inefable. Esta es la víctima del regocijo ( ... ¿Quién lo alabará dignamente?) Si en las criaturas de Dios se fatiga el discurso humano, ¿qué le sucederá al hablar del Creador. sino enmudecer y quedarse únicamente con la Jubilación? (Sal 26).

"He aquí que te da como el módulo para cantar: no busques las palabras como si pudieras explicar de qué modo se deleita a Dios. Canta con regocijo, pues cantar bien a Dios es cantar con regocijo.

¿Qué significa cantar con regocijo?. Entender por qué no puede explicarse con palabras lo que se canta en el corazón. Así pues, los que cantan, ya en la siega, o en la vendimia, o en algún trabajo activo o agitado, cuando comienzan a alborozarse de alegría por las palabras de los cánticos, estando ya como llenos de tanta alegría, no pudiendo ya explicarla con palabras, se comen las sílabas de las palabras y se entregan al canto del regocijo.

El júbilo es cierto cántico o sonido con el cual se significa que da a luz el corazón lo que no puede decir o expresar. ¿Y a quién conviene esta alegría, sino al Dios inefable?. Es inefable aquel a quien no puedes dar a conocer, y si no puedes darle a conocer y no debes callar ¿qué resta, sino que te regocijes, para que se alegre el corazón sin palabras?

¿Qué significa aclamación? Admiración de alegría que no puede explicarse con palabras. Cuando los discípulos vieron subir a los Cielos a quien lloraron muerto, se maravillaron de gozo; sin duda a este gozo le faltaban palabras, pero quedaba el regocijo, que nadie podía explicar. No vayamos sólo en busca del sonido del oído, sino de la iluminación del corazón." (Sal 46).

"Prorrumpid en gritos de alegría, si es que no podéis hacerlo de palabra. Pues no se aclama sólo de palabra; también aclama el sonido sólo de los gritos de los que se gozan, como si fuese la voz de la cosa concebida, del corazón que concibe y pare la alegría que no puede expresarse con palabras" (Sal. 65).
"Cuando no podáis expresamos con palabras, no ceséis de regocijaros. Cuando podáis hablar, clamad; cuando no podáis, alegraos. Aquel a quien no le son suficientes las palabras, suele por la exuberancia del gozo prorrumpir en gritos de alegría" (Sal. 80).

"¿Son suficientes las palabras para nuestra alegría? ¿Será la lengua capaz de explicar nuestro gozo? Si pues las palabras no bastan, ¡bienaventurado el pueblo que sabe alborozarse! ¡Oh pueblo feliz! ¿Crees que entiendes el regocijo? Que sepas por qué te alegras de aquello que no puede expresarse con palabras. El motivo no debe dimanar de ti, para que quien se gloríe, se gloríe en el Señor. No te alboroces en tu soberbia, sino en la gracia de Dios. Comprende que es tanta la gracia, que la lengua no es capaz de explicarla, y habrás entendido qué es alborozo o regocijo". (Sal.88).

"¿Qué significa "jubilare" ?Dar gritos de alegría o regocijarse. El júbilo que no puede explicarse con palabras y que, sin embargo, se testimonia con el grito de la voz, se denomina regocijo. Pensad en aquellos que se regocijan, en cualquier clase de canto y como en cierta lid de alegría mundana, y veréis de qué modo, entre los cánticos modulados con la voz, se regocijan rebosantes de alegría cuando no pueden declararlo todo con la lengua, a fin de que por aquellos gritos inarticulados dé a conocer la afección del alma, lo que se concibió en el corazón y no es capaz de expresarlo con palabras. Luego, si estos se regocijan por el gozo terreno ¿nosotros no debemos dar gritos de alegría, regocijarnos por el gozo celestial, que ciertamente no podemos expresar mediante palabras?". (Sal.94).
"Ya sabéis qué es regocijarse. Gozaos y hablad. Si al gozaros no podéis hablar, regocijaos. Vuestro gozo dé a conocer el regocijo si no puede la palabra. Que no quede mudo vuestro gozo. Que no calle el corazón a su Dios; que no calle sus dones. Si hablas para tí, para ti te sanas; pero si te sanó su diestra para El, habla para quien fuiste sanado" (Sal. 97)

"El que se regocija, no pronuncia palabras, sino que lanza cierto sonido de alegría sin palabras. El regocijo es una voz del alma engolfada en la alegría, la cual, en cuanto puede, da a conocer el afecto, mas no el sentir del que percibe. Al regocijarse el hombre con este gozo, al no poder explicar ni dar a entender el afecto con palabras, emite cierto sonido de alegría sin palabras, De este modo manifiesta por el mismo sonido que se alegra; pero como se halla repleto por el demasiado gozo, no puede explicar con palabras el regocijo"

El Descanso en el Espíritu

El Descanso en el Espíritu
por el Padre CEFERINO SANTOS; S.J.


1.1. El hecho.
Con alguna frecuencia se viene dando en retiros de sanación, en oraciones de intercesión o de liberación, tras la unción de los enfermos con aceite bendecido, o tras la imposición de manos sobre aquellos por quienes se ora, el fenómeno llamado por algunos " descanso en el Espíritu ".

Otros prefieren traducir el inglés " being alain in the Spirit ", como " fulminación en el Espíritu ", " dormición en el Espíritu " o quedar abrumado por el amor y la presencia de Dios, o tener silencio en el Espíritu y reposo en El.

1.2. Definición.
El verdadero descanso del Espíritu es un don carismático, otorgado a uno o a varios para trasmitir a otros una cierta protección de Dios, con lo que se alimentan la fe, la paz interior, la inteligencia de las enseñanzas recibidas y se facilita la práctica de la vida cristiana, al suprimirse bloqueos o resistencias mas o menos conscientes a la acción del Señor, lo cual a veces se expresa o se visualiza con un rendimiento ante Dios que conlleva la pérdida pasajera del equilibrio corporal, deslizándose suavemente hacia el suelo o sobre el asiento que se ocupa, con una cesación pasajera del movimiento corporal y local.

1.3. Explicaciones.
Dado que existen en la práctica pastoral y en la teoría dudas, equivocaciones y hasta errores en torno a este fenómeno del " descanso del Espíritu ", puede resultar útil y conveniente hacer algunas aclaraciones al respecto.
(A) El descanso pertenece al carisma de sanación es un toque directo a los sentidos internos de la imaginación y de la memoria, con una llenumbre de la presencia de Dios, de su amor y de su paz, de modo que a veces, el cuerpo queda alcanzado y como inmovilizado por un tiempo, y Dios sana interna o externamente y libera a veces.

(B) Uno puede resistirse a este fenómeno de sanación, por sentirse asustado ante él, pero entonces no suelen seguirse en el que se ha resistido los frutos de paz y de oración mas recogida, y suelen quedar en él rastros nuevos de turbación o de inquietud. Algunos, que no se resisten a este don, tras la oración y la imposición de manos, se sienten caer suavemente hacia el suelo, si están de pie o de rodillas, o se quedan como relajadamente inmóviles sobre su asiento los que estaban sentados. Este fenómeno suele ser pasajero y breve.

(C) El aspecto principal del descanso en el Espíritu, es la fuerte presencia sanadora del Dios viviente, que purifica, libra de dificultades y bloqueos interiores a su acción fortalece el alma para sobrellevar el peso del compromiso cristiano de un modo renovado. El que Dios llene la memoria y la imaginación de su presencia, de su amor de su sanación no presenta dificultades en la renovación Carismática ni fuera de ella.

(D) El punto controvertido y discutible en el descanso en el Espíritu es ese sentirse anonadado por el peso del amor de Dios con el fenómeno espectacular de la caída suave del cuerpo hacia atrás o hacia adelante, hasta que el don se haya pasado. Cuando el descanso en el Espíritu es verdadero, la caída del cuerpo es como una señal externa de un nuevo rendimiento al Señorío de Cristo y de una nueva aceptación del amor y la voluntad de Dios sin resistencias..

(E) En el descanso en el Espíritu la persona sigue teniendo control pleno de su entendimiento y de su voluntad. El entendimiento sigue libre para orar con la atención más concentrada en Dios. Otros efectos, como la extinción de traumas, de bloqueos o cargas interiores , la iluminación espiritual o la sanación, dependen de las necesidades individuales del que recibe este don.

(F) El verdadero descanso en el Espíritu, 1)- facilita la oración en tanto cuanto toca los sentidos internos dispersos y los unifica, 2)- facilita el sentido profundo de la presencia y del amor de Dios. (G) Estos dos efectos internos pueden darse sin el hecho exterior concomitante de la caída al suelo de la caída al suelo por el impulso poderoso y abrumador del amor de Dios.

(H) Hay personas que creen erróneamente que caen al suelo porque han sido empujadas por el que les impone las manos. De hecho es el amor abrumador de Dios el que empuja y vence poderosamente obstáculos en personas que evitan aparecer como poco naturales. 1.4. El poder de descansar en el Espíritu. Es el problema mas vidrioso de este don, que el Señor concede a algunos en los grupos de intercesión. (1) El don parece en sí válido por sus efectos buenos: paz, presencia de Dios, más facilidad para orar, sanación de traumas y resistencias a Dios, liberación de opresiones.

(2) El descanso en el Espíritu no es expresamente una oración de quietud con su experiencia directa del amor de Dios, que aquí se experimenta con amor sanador más directamente que como don de oración contemplativa.

(3) Tampoco se trata de un fenómeno natural de hipnosis, donde la voluntad queda casi totalmente suspendida y sometida al hipnotizador, donde la conciencia se entorpece y la memoria de la actividad desarrollada en hipnosis se pierde al volver en sí. A veces esta alienación transitoria de la voluntad transitoria de la voluntad del hipnotizado resulta seriamente peligrosa. Nada de esto sucede en el descanso en el Espíritu: la voluntad y el entendimiento se mantienen despiertos y activos, sin someterse a nadie más que a Dios.

(4) Tampoco se ha de confundirse el descanso en el Espíritu con un posible influjo diabólico, que emboba las potencias del hombre y obscurece, turba y debilita espiritualmente el alma y lleva al que lo padece a buscar sitios concurridos para llamar la atención de otros y distraerlos de su oración o de la sanación interior en curso. Este influjo diabólico deja gran turbación, depresiones y falta de paz en el que lo ha recibido.

(5) Ha habido abusos por parte de personas que por su debilidad psicológica o por ganas de atraer hacia ellas la atención simularon el descanso en el Espíritu. Los efectos posteriores de tristeza, depresión, angustia, oscuridad espiritual, insatisfacción y falta de paz, declararon la falsificación de un don carismático.

(6) Se necesita, por tanto, enseñanza sana, discernimiento y guía espiritual recta durante este ministerio de sanación por el descanso en el Espíritu y después de el. No conviene despertar al que está en el descanso en el Espíritu, no se le turbe tras él con preguntas agobiantes e indiscretas; no se le obligue a dar paseos para despejarse, etc.; al que tuvo el descanso déjesele tranquilo por un rato largo para que el don de Dios produzca sus efectos buenos sin interferencias humanas. En el falso descanso, despiértese al paciente.

(7) No se haga del descanso en el espíritu el don central del ministerio de sanación. La sanación viene de la presencia de Jesús sanador y Salvador y del poder de su Espíritu aceptado desde la fe.

(8) Tampoco se caiga en el otro extremo de denunciar este don como algo ajeno a la Renovación Carismática y como una novedad de la Iglesia. Se trata de un fenómeno conocido en la historia de la Iglesia.

En el proceso de canonización de Santa Clara, Sor Bienvenida de Perusa declara bajo juramento una sanación en la que el Señor utiliza a Santa Clara y aparece el descanso en el Espíritu. Declaró también la testigo que, habiendo que habiendo caído en demencia un fraile de la Orden de los Menores, que se llamaba Fray Esteban, San Francisco le mandó al Monasterio de San Damián, para que la Santa hiciera sobre él la señal de la Cruz. Hecho esto, el fraile quedó adormecido un poco de tiempo en el lugar donde la Santa Madre solía hacer la oración, y cuando se despertó, tomó alimento y se marchó curado. (Cf. OMAECHEVERRIA, Ignacio: Escritos de Santa Clara y documentos contemporáneos. Madrid, BAC, 1970, pág. 70.).

(9) En el descanso en el Espíritu la mente está más clara para acoger a Dios; no es por tanto un desmayo donde la inteligencia se nubla o se pierde temporalmente. El descanso en el Espíritu( fenómeno de sanación) nada tiene que ver con la caída al suelo en una crisis epiléptica (enfermedad con pérdida de sentido, espumarajos, estremecimientos, cf. Mc. 9.18: " lo derriba al suelo le hace echar espumarajos y rechinar los dientes"). Este mismo niño del Evangelio de San Marcos, cuando recibe la curación fisiológica de su epilepsia, la psicológica de sus desmayos y la espiritual, liberado de aquel espíritu malo que le arrastraba hacia el fuego o hacia el agua para destruirlo, queda en una especie de descanso en el Espíritu (Mc.9.26: " el muchacho quedó curado como muerto"), pero enseguida Cristo lo levantó y estaba sano.

(10) El descanso en el Espíritu es diferente del éxtasis sobrenatural, donde la mente queda absorbida en Dios y elevada para conocer sus misterios, con cesación del ejercicio de los sentidos exteriores. San Pablo nos recuerda este don de oración más propio de almas perfectas, cuando nos dice que subió arrebatado hasta el tercer cielo en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, y oyó palabras arcanas que el hombre no puede pronunciar. (2 Cor.12, 2-4). El mismo San Pablo cuando se convierte a Cristo, recibe una especie de descanso en el Espíritu, como don de principiantes; y cae en tierra de su caballo sin hacerse daño (Hch.9.4; Pablo cayó en tierra y oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿porqué me persigues?"). El descanso en el Espíritu es un don más propio de principiantes.

1.5. Conclusión. Estemos abiertos para acoger los dones de Dios y aceptemos la invitación de Dios a entrar en su descanso para reposar de los trabajos (Heb.4.10), sin esperar sólo el descanso definitivo y celestial. También en su vida mortal, Jesús invitó a sus discípulos a un lugar retirado a descansar por un rato (Mc.6.30). Hoy también sigue haciéndolo con nosotros.

2.1. Preguntas y respuestas de la puesta en común sobre el descanso en el Espíritu.
El poder de descansar a alguien en el Espíritu ¿ Porqué se le ha de atribuir a Dios y no más bien al poder de la parapsicológico o magnético del que ora?. R.- De hecho, los fenómenos externos del descanso del espíritu podrían ser producidos por una facultad " psi-kappa " con posibles efectos de " psicokinesia " sobre un organismo humano, pero no se daría un verdadero descanso en el Espíritu que viene de Dios, con efectos espirituales de paz y de crecimiento en la fe y en el amor; sino, más bien, un sometimiento al manipulador o parasicólogo y a sus fuerzas psíquicas o magnéticas. Aunque los fenómenos externos de debilitamiento corporal y subsiguiente caída al suelo se produjesen, no se daría los efectos espirituales de liberaciones de opresiones y bloqueos (v.g. incapacidad de amar a otros, sanación del rechazo de personas concretas, crecimiento en la fe y en en amor de Dios, etc.)

La dormición de uno por poderes magnéticos no es descanso en el Espíritu, en el que uno queda sometido y abrumado por el poder sanador de Dios, sino sometimiento servil y no liberador a poderes parapsicológicos y al que los utiliza. Cabría la posibilidad de que los poderes parapsicológicos " psi-kappa" fuesen utilizados, sometidos plenamente a Dios y como sacramentalizados por El, para producir efectos espirituales. Pero, aun en este caso, no planteado en la pregunta, Dios sería el agente principal y a El se deberían los efectos espirituales buenos con prioridad plena sobre el instrumento sometido a El, esto es las fuerzas parapsicológicas, elevadas de alguna manera por la acción principal de Dios. En todo caso, siempre es indispensable el discernimiento del comienzo, el medio, el fin y los efectos del descanso para saber si éste se debe a la acción del Espíritu de Dios o es atribuible a otros poderes.

2.2. El descanso en el Espíritu ¿ no se podría explicar naturalmente como un fenómeno cataléptico? R.- Más bien en la catalepsia se pierde la sensibilidad externa con suspensión de las sensaciones y movimientos libres, a la vez que se dan alteraciones y reflejos de tipo histérico y patológico. En el auténtico descanso en el Espíritu se conserva un grado apreciable de sensibilidad externa, se da paz espiritual posteriormente al reposo, se producen efectos de sanación interior y, a veces física, y también frutos de maduración y construcción de la personalidad cristiana equilibrada, y no secuelas de debilitación patológica de la personalidad como en la catalepsia. Cuando se dan fenómenos histéricos de agitación nerviosa, sofocaciones, gritos y desequilibrio no se trata del descanso en el Espíritu, que produce paz en el que recibe el descanso y en otros que lo ven; sino más bien nos hallamos ante productos naturales de personalidades psicológicas inestables e influenciadas por una personalidad fuerte o por un ambiente propicio al entusiasmo religioso.

No obstante, conviene notar para un descernimiento recto que la gracia religiosa verdadera se acomoda a la naturaleza del que la recibe. Cuando se trata de una gracia religiosa fuerte que llega al poco equilibrado psíquicamente o al que necesita conversión y liberación, los efectos externos de gritos, convulsiones vueltas por el suelo pueden significar también el choque que se produce entre las fuerzas salvíficas positivas que vienen de Dios y las fuerzas negativas del pecado, del influjo diabólico y del desequilibrio psicológico del que recibe la gracia fuerte de Dios. En la predicación de John Wesley, el fundador del metodismo en el siglo XVIII, estos fenómenos eran frecuentes, pero más que un descanso en el Espíritu deberían ser llamadas, turbaciones en el Espíritu en una predicación de conversión y reavivamiento espiritual. El que estos fenómenos tengan un componente fuerte somático y psíquico no quiere decir que sean solo fenómenos naturales o patológicos. También en la vida mística de los santos de la Iglesia, en los éxtasis, arrobamientos, levitaciones y otros fenómenos reconocidos en la Iglesia, se daban extraños efectos, en el orden somático y psíquico sin excluir por eso la acción sobrenatural de las gracias místicas.

2.3. ¿ No será el descanso en el Espíritu un hecho natural, propio de la psicología de masas, donde se produce una sugestión colectiva y un contagio por emocionalismo, sin necesidad de invocar para nada al Espíritu de Dios ?.

R.- El descanso en el Espíritu se da mucho en la oración privada por una persona, sin contagio colectivo de masas. Más que de contagio natural, propio de una psicología de masas influenciables, habría de hablarse en las asambleas, donde se da el reposo en el Espíritu, de un don eclesial de sanación, propio de un nuevo Pentecostés colectivo y maduro con frutos de conversión y transformaciones espirituales, que no se logran en otros fenómenos colectivos de masas, movidas sólo por entusiasmos humanos. La sugestión colectiva en estos casos no produce frutos espirituales como sucede en el descanso en el Espíritu. El emocionalismo, sometido a Dios y a sus mociones, no es malo en sí. Se dio en grandes santos y místicos. Dios no actúa sólo en el entendimiento del místico, sino en toda su persona y en su sugestibilidad sometida a Dios y a la fe.

2.4. ¿ Es verdad que el descanso es de Dios cuando uno cae hacia atrás; pero que si uno no cae hacia atrás, sino hacia adelante, que ese descanso no es de Dios? (Risas de algunos).

R.- Bien; el signo de discernimiento del descanso auténtico no es el de caer hacia adelante o hacia atrás, sino la presencia operativa de Dios en el alma, que se conoce por la sanación y los frutos buenos de paz, fe y amor que se producen. En el Huerto de los Olivos, algunos de los soldados que venían a prender a Cristo, al oír de sus labios el " YO SOY ", retrocedieron hacia atrás y cayeron al suelo de espaldas (Jn !8, 5). Sólo porque cayeran hacia atrás, no nos costa el que tuviesen verdadero descanso en el Espíritu. (Risas). Pudo tratarse de un signo para mostrar que el poder de Cristo es superior al poder de los hombres. Bien es verdad que Ana Catalina Emmerick, monja agustina estigmatizada, que fallece el 1824, nos dice en sus escritos de la Pasión que el Señor le manifestó que aquellos soldados que cayeron de espaldas, se levantaron del suelo convertidos.

Entonces se habría dado un descanso en el Espíritu con frutos de conversión en aquellos soldados caídos al suelo a la voz de Cristo. En este caso al caer de espaldas sería de Dios. Pero es que también al caer de bruces, hacia adelante, en algunas ocasiones es de Dios. Recordad el caso del profeta Daniel. Dios le ha abrumado con su presencia poderosa y cae de bruces en un letargo con el rostro a tierra (Dan.10,9). Cuando quiere ponerse en pie, no puede y adopta la ridícula postura de querer andar a cuatro patas (Dan. 10,11); y la palabra de Dios nos lo cuenta sin miedo a los discernidores prudentes y sensatos dictaminen que este descanso en el Espíritu del profeta Daniel no es de Dios ni favorece el prestigio social y religioso del vidente ni se puede juzgar con sensatez que este sea un camino razonable y prudente para nadie. En Daniel 10,15, Dios vuelve a hablar con el profeta y éste vuelve a caer de bruces, hacia adelante.

Y Dios está actuando. Cuando por la fuerza poderosa del Dios presente, las fuerzas corporales abandonan a Daniel temporalmente, el profeta cae hacia adelante. La dirección de la caída corporal no tiene excesiva importancia en un discernimiento espiritual, si la tiene en cambio, el que el impulso que provoca la caída provenga de la poderosa y avasallante presencia del Dios vivo. 2.5. El descanso en el Espíritu me recuerda algunas prácticas iluministas, y, por tanto, debería ser rechazado en la Renovación Carismática Católica por fidelidad al Iglesia que condenó el iluminismo en todas sus formas.

R.- En la Renovación Carismática los que saben que es el iluminismo también lo condenan con la Iglesia, pero se niegan a llamar iluminismo a lo que no es, como nadie llamaría a automóvil a un chalet porque su dueño tuviese el dudoso gusto de ponerle la matrícula de su coche viejo en la puerta. Tampoco nosotros podemos poner apresuradamente la matrícula de iluminismo al descanso en el Espíritu y creer que sólo por eso es iluminista. ¿ Con que aspecto reprobable del iluminismo podríamos identificar el descanso en el Espíritu?. Acaso ¿con la pasividad del alma iluminada que ya no tiene que orar ni hacer penitencia, sino sólo permanecer como un cuerpo exánime?. En el reposo en el Espíritu la voluntad y la mente permanecen activas en Dios. El reposo afecta al cuerpo y a los sentidos interiores sólo que después libremente se ha aceptado el descanso en el Espíritu. Este nos afecta sólo temporalmente.

En él y después de él se ora y el alma habla con Dios. En cambio, en el iluminismo, se supone que el alma no ora ni actúa, como tampoco actúan la voluntad y la mente. Actúan, si, Dios y el demonio, según los iluministas, pero no ellos que pueden cometer las mayores aberraciones sexuales porque no son ellos los que actúan, sino el maligno. El reposo iluminista del cuerpo tampoco tiene nada que ver con el descanso del cuerpo en el Espíritu, que es solo transitorio. El descanso y pasividad del cuerpo en el iluminista es continuo en los "perfectos"; los desórdenes sexuales o emocionales en su cuerpo no son suyos sino de los agentes exteriores que lo manipulan. Ellos viven en la pasividad y el reposo que los hace impecables.

Ningún carismático dice nada de esto; tras el descanso en el Espíritu uno siente crecimiento espiritual, pero no es impecable; el hombre conserva la voluntariedad y la deliberación en sus acciones libres. Pegar la etiqueta sospechosa de iluminismo al reposo en el Espíritu es una acción del "padre de la mentira" (Jn. 8,44) y de la confusión, y un pecado contra la verdad, contra la justicia y contra la caridad. No se puede poner la etiqueta de "veneno" en las medicinas y alimentos sanos, que Dios regala a su Iglesia hoy. Pido al Señor Jesús que nos ilumine a todos con su Espíritu de verdad, de ciencia y de discernimiento para conocer sus done y recibirlos con agradecimiento y para rechazar lo que no venga de Dios, de modo que siempre le glorifiquemos en nuestras vidas. ¡ GLORIA AL Señor!.

Estatutos Nacionales Renovación Carismática Católica de Puerto Rico

Renovación Carismática Católica
Puerto Rico

Estatutos Nacionales


RENOVACION CARISMATICA CATOLICA

I. Definición o Naturaleza

La Renovación Carismática Católica es un movimiento de espiritualidad suscitado en la Iglesia a principios de la década de 1960. De inmediato llegó a Puerto Rico.

Sus miembros se reúnen con el propósito de orar espontáneamente, alabar, glorificar a Dios, escuchar y comentar la Palabra de Dios e interceder por toda la humanidad.

La Conferencia Episcopal Puertorriqueña emitió, el 16 de mayo de 1977, una declaración impartiendo al Movimiento directrices y orientaciones pastorales.

II. Objetivos

1. Promover una conversión personal, madura y continua en Jesucristo, Señor y Salvador, hacia el Padre, movidos por el Espíritu Santo.

2. Propiciar una apertura hacia la Persona del Espíritu Santo, su presencia, poder y acción.

3. Resaltar los dones del Espíritu Santo recibidos por todo cristiano en el bautismo y de los dones espirituales o carismas y fomentarlos en la Iglesia, proclamando el evangelio con palabras y obras y dando tertimonio personal de Jesús.

4. Promover especialmente la participación en la misión de la Iglesia, proclamando el Evangelio con palabras y obras y dando testimonio personal de Jesús.

5. Impulsar el crecimiento prograsivo en santidad, a través de la correcta integración de los carismas en la vida plena: sacramental, jerárquica y apostólica de la Iglesia.

6. Fomentar el estudio de la Sagrada Escritura guiados por las orientaciones de la Jerarquía de la Iglesia.

7. Cultivar la oración espontánea de alabanza y glorificación conforme a sanas directrices de vida espiritual.

III. Estructura

La Renovación Carismática Católica en Puerto Rico se encuentra organizada en la siguiente forma:

A. Equipo Nacional

El Equipo Nacional de Servicio (ENS) sirve como enlace con la Conferencia Episcopal Puertorriqueña (CEP), con la Renovación Carismática Católica Internacional (ICCRS) y con los Equipos Diocesanos (ED).

B. Equipo Diocesano

El Equipo Diocesano de Servicio está compuesto por los delegados de las parroquias quienes se responsabilisan en facilitar el desarrollo, la orientación, coordinación y animación de la Renovación Carismática Católica de acuerdo a las directrices impartidas por el Ordinario del lugar.

Procuran la representación, relación e integración con las estructuras e instancias pastorales de la diócesis.

De acuerdo a las estructuras de cada diócesis puede haber equipos por decanato, por vicaría o por zonas pastorales que redunden en beneficio para la Renovación misma y para la diócesis.

C. Equipo Parroquial

El Equipo Parroquial de Servidores es el organismo responsable para la coordinación, desarrollo, orientacion y animación de la Renovación Carismática Católica en cada una de las parroquias en donde haya uno o más Círculos de Oración, en armonía con las directrices pastorales de la respectiva parroquia.

IV. Medios

La Renovación Carismática Católica utiliza los siguientes instrumentos espirituales para el desarrollo, animación y orientación de su movimiento, a saber:

1. Retiros Carismáticos

Los Retiros Carismáticos se ofrecen en diversos grados o niveles. Los Retiros del Nivel Básico se ofrecen para iniciar a las personas en el Movimiento de la Renovación. Se ofrecen, además, los Retiros de Crecimiento para aquellos fieles que, una vez iniciados, desean progresar en su vida espiritual.

2. Los Círculos de Oración

Los Círculos de Oración de la Renovación Carismática Católica son reuniones de un grupo de fieles católicos con el propósito de orar en forma comunitaria y se caracterizan principalmente por la oración espontánea de alabanza y glorificación.

3. Revista “Alabaré”

La Revista “Alabaré” es un medio de la Renovación Carismática Católica de Puerto Rico, que contribuye a la formación de todos los miembros de la Renovación y los mantiene informados sobre las diversas actividades.

4. Talleres, seminarios, vigilias

La Renovación Carismática Católica programa y realiza seminarios, talleres, vigilias, y convenciones para la formación y el crecimiento espiritual de sus miembros.

V. Solemnidad de Pentecostés

La Renovación Carismática Católica celebra con especial esplendor la solemnidad de Pentecostés.

EQUIPO NACIONAL DE SERVICIO (ENS)

I. Definición

En el grupo de la Renovación que se ha organizado para ofrecer los servicios necesarios para fomentar la Renovación Carismática Católica en Puerto Rico. El Equipo Nacional de Servicio responde a las normas y orientaciones de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña y no tiene autoridad sore los Equipos Diocesanos ya que éstos responden a las directrices diocesanas.

II. Objetivos y Funciones

1. Ser el centro de información de todo lo relacionado a la Renovación Carismática Católica en Puerto Rico y estimular ésta a trabajar en la Evangelización.

2. Servir de enlace con la Conferencia Epicopal Puertorriqueña (CEP), con la Renovación Carismática Católica Internacional (ICCRS), con el Consejo Carismático Católico Latinoamericano (CONCCLAT) y con los Equipos Diocesanos.

3. Acoger y atender las necesidades de todos los participantes en la Renovación acudan a ellos.

4. Organizar las actividades de alcance nacinal y/o internacional de la Renovación Carismática Católica de Puerto Rico.

5. Servir como agente de unidad en doctrina y acción para la Renovación Carismática Católica en Puerto Rico.

6. Discernir la filosofía y alcance de la Renovación en Puerto Rico de acuerdo a las directrices de la Conferencia Episcopal y abogar por el fiel cumplimiento de éstas a todos los niveles.

7. Proveer servicios de formación mediante vigilias, retiros, talleres, seminarios, centros de formación y otros, desarrollando temas relacinados con la doctrina y enseñanza de la Iglesia.

8. Fomentar el desarrollo de proyectos de acción social y apostólica a nivel nacional.

9. Publicar y promover la Revista “Alabaré”, de la Renovación Carismática Católica de Puerto Rico.

10. Organizar y realizar una celebración especial con ocasión de la Solemnidad de Pentecostés.

11. Establecer una cuota mínima, por Equipo Diocesano, para mantener la Oficina Central de la Renovación Carismática Católica de Puerto Rico.

III. Integración

El Equipo Nacional de Servicio estará integrado por tres (3) miembros laicos de cada diócesis, presentados por los respectivos equipos diocesanos y debidamente aprobados por el Obispo del lugar. Éstos serán elegidos por tres (3) años. Podrán ser reelegidos por otros tres(3) años, siempre con la aprobación del Obispo diocesano. Tendrán voz y voto en las reuniones del Eqiopo Nacional de Servicio. Si fuera necesario, el Equipo Nacional de Servicio puede solicitar los servicios de otro hermano, pero éste participará en las reuniones con voz y sin voto. Su duración en el equipo será por el tiempo en que su servicio se considere necesario.

Formarán parte de este Equipo Nacional de Servicios dos (2) Asesores Religiosos (Sacerdotes), nombrados por la Conferencia Episcopal Puertorriqueña y por el tiempo que la misma considere conveniente.

IV. Directiva

A. El Equipo Nacional de Servicio se organizará, entre ellos mismos, de la siguiente manera:
Un/a Coordinador/a
Un/a Sub-Coordinador/a
Un/a Secretario/a
Un/a Tesorero/a
Dos Asesores Religiosos (Dos Sacerdotes)
El resto de la matrícula participa como vocales, con voz y voto


B. La Junta Directiva debe ser presentada a la Conferencia Episcopal para su apobación y está constituida por:
Un/a Coordinador/a
Un/a Sub-Coordinador/a
Un/a Secretario/a
Un/a Tesorero/a
Dos Asesores Religiosos (Dos Sacerdotes)

Estos Estatutos pueden ser enmendados solamente con la aprobación de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña.

Estos Estatutos entran en vigor al momento de su publicación.

Aprobado en la XXXVI Asamblea Plenaria Ordinaria de la Conferencia
Episcopal Puertorriqueña. De los días 20-22 de noviembre de 2002.
Mons. Hermín Negrón – Secretario CEP

Renovación Carismática Católica. Historia, Finalidad e Importancia

El día de Pentecostés, se cumplió la promesa de Jesús; fue derramado el Espíritu Santo sobre los discípulos que en compañía de María, la madre de Jesús estaban reunidos en oración. Desde el comienzo de la Iglesia, es el Espíritu la fuerza que la mueve y que le da poder de hacer las cosas que Jesús hizo en su Nombre y es quien la capacita para realizar su misión.

A lo largo de toda la historia de la Iglesia el Espíritu Santo ha dirigido su desarrollo y su caminar, renovándola y reavivando en distintos momentos el espíritu de aquella primera Iglesia nacida el día de Pentecostés. En este momento de la historia, Dios está derramando el Espíritu Santo de una manera nueva. Estamos experimentando una actualización del fuego de Pentecostés.

"El vigor y la fecundidad de la Renovación atestiguan ciertamente la poderosa presencia del Espíritu Santo que actúa en la Iglesia... la Renovación Carismática es una elocuente manifestación de esta vitalidad hoy". (Juan Pablo II, mayo de 1987). La Renovación en el Espíritu Santo -podemos afirmar- es una acción del Espíritu Santo hoy renovando a toda la Iglesia.

¿QUÉ ESTÁ HACIENDO HOY EL ESPIRITU SANTO?

Está llevando a las personas a un encuentro y a una relación personal profunda con Cristo Vivo Señor y Salvador. Jesús sigue enriqueciendo a su Iglesia con sus dones y carismas. El primero y mayor de todos los dones es el mismo Espíritu Santo. La Iglesia es enriquecida con estos dones y carismas para transformar la faz de la tierra.

NACIMIENTO Y EXPANSION DE LA RENOVACIÓN

El 29 de enero de 1959 el Papa Juan XXIII hacía una declaración sorprendente. El Espíritu Santo le había inspirado convocar un concilio, el Segundo Concilio Vaticano. En Pentecostés de ese mismo año terminaba su alocución con esta oración:

"Oh Espíritu Santo! tu presencia conduce infaliblemente a la Iglesia. Derrama, te lo pedimos, la plenitud de tus dones sobre este Concilio Ecuménico. Renueva tus maravillas en nuestros días como en un nuevo Pentecostés".

El 8 de diciembre de 1965 terminó el Concilio. Los acontecimientos que sobrevinieron después se han valorado diversamente. El programa de renovación propuesto por el Concilio comenzó a ponerse en práctica no sin serias dificultades que llevaron la duda y la angustia a muchos.

En 1966, varios hombres católicos de la Universidad de Duquesne del Espíritu Santo, en Pittsburgh, se reunían frecuentemente para conversar acerca de la vitalidad de su vida de fe y para orar en común. Aquellos profesores se habían dedicado durante muchos años al servicio de Cristo, entregándose a varias actividades apostólicas... A pesar de todo eso, iban sintiendo que algo faltaba en su vida cristiana personal.

Aunque no podían especificar el porqué, cada uno reconocía que había un cierto vacío, una falta de dinamismo, una debilidad espiritual en sus oraciones y actividades. Era como si su vida cristiana dependiera demasiado de sus propios esfuerzos, como si avanzaran bajo su propio poder y motivados por su propia voluntad... Decidieron hacer un compromiso: cada día orarían unos por otros con la Secuencia de la Misa de Pentecostés:"Ven Espíritu Divino..." Corría el mes de febrero de 1967 cuando vieron sus deseos realizados al recibir una nueva efusión del Espíritu Santo.

La Renovación Carismática o Renovación en el Espíritu Santo había nacido. Todo comenzó con una chispa en Pittsburgh, a partir de agosto de 1966. Gracias a la fuerza incontenible del Espíritu, esa chispa se ha propagado como incendio sobre paja y ha invadido los cinco continentes. En 1992, Veinticinco años después, se calcula que más de 10 millones de católicos se reúnen semanalmente en grupos de oración alrededor de todo el mundo. De oriente a occidente y de norte a sur se proclama con el poder del Espíritu, que Jesús está vivo, que es el Señor, que está en medio de nosotros, que nos derrama su Espíritu Santo y que con Él glorificamos al Padre de los cielos.

La Renovación en el Espíritu Santo, como corriente de gracias, suscitada por el Espíritu Santo en la Iglesia de nuestros días, existe y vive para la Iglesia y en la Iglesia, de ahí la comunión estrecha con sus legítimos Pastores y el deseo de servir unidos a ellos para la renovación de las Comunidades Católicas. La Renovación pues, se sitúa en la Iglesia; en el mismo corazón de la Iglesia.

FINALIDAD DE LA RENOVACION

El Espíritu ha suscitado esta renova-ción para fortalecer y servir a la misión de la misma Iglesia: "evangelizar con el poder del Espíritu Santo", equipándola con los carismas que le son necesarios. La Renovación dejará de ser cuando toda la Iglesia haya sido renovada y viva plenamente la nueva vida que Cristo ofrece.

¿QUÉ ES LA EFUSION DEL ESPIRITU SANTO?

La Efusión del Espíritu Santo NO es un Sacramento. Es sencillamente la actualización de los Sacramentos de la iniciación cristiana. Es una gracia para "liberar" en nosotros -en oración- al Espíritu Santo que desde nuestro bautismo hemos recibido, de modo que tome la dirección de nuestra vida, transformándonos desde lo profundo. Es en otras palabras una experiencia de Pentecostés a nivel personal, donde se da el encuentro con Jesús vivo, recibiendo comúnmente la capacidad del uso de los carismas. Es decir, dones gratuitamente dados por el Espíritu Santo a los creyentes, para la edificación de la Comunidad Cristiana, para el bien de los demás y para potenciar la evangelización.

¿COMO TENER LA EXPERIENCIA DE LA EFUSION DEL ESPIRITU SANTO?

No se necesita nada especial, ni ningún lugar particular para la efusión del Espíritu Santo, pero una manera eficaz de prepararse para ello es participar en un Retiro de Renovación Espiritual o en los Seminarios de Vida en el Espíritu Santo. Estos son instrumentos a través de los cuales el Señor va realizando su plan de salvación en muchas personas en la Renovación Carismática.

Esta experiencia está al alcance de toda persona que sinceramente lo desee y tenga la conciencia de que necesita ser renovada por el poder del Espíritu Santo."...dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad" (Hch.2,17).


¿QUÉ ES UN GRUPO DE ORACION?

Es una reunión de creyentes que se reúnen con regularidad para alabar, dar gracias, gloria y honor a Cristo Jesús como Señor y Salvador. Jesús mismo es el centro de estas reuniones de oración, donde al impulso del Espíritu se alaba a Dios, se acoge la Palabra de Dios, se canta al Señor, y experimentamos el amor de Dios actuando en medio del grupo a través de los carismas. Testimonios, compartir de hermanos, docilidad al Espíritu, apertura y entrega al Señor son elementos normales de estas reuniones de oración.

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Predicación: Un Cambio de Mente para una Nueva Vida en el Espíritu

Continuación: Un Cambio de Mente para una Nueva Vida en el Espíritu

Luis Andrades "Chino"- Jesús el Ungido

Luis Andrades "Chino"- Jesús el Ungido II

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Omar y RPS cantando "Tu Nombre Es"

Omar del Ministerio Nuevo Pentecostés cantando en un Concierto en P.R Regueton Cristiano.